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¿Realmente hay un conejo en la Luna?

¿Quién no ha intentado alguna vez intuir una imagen en la forma de una nube, en una tostada o en la espuma de un café? Lo mismo ocurre con la Luna. Muchas personas aprecian en el patrón de la María un rostro humano o animales. Y, aunque estos símbolos corresponden en realidad a la variación en la composición de la superficie selenita, la cultura y el entorno de cada sociedad han influido a la hora de reconocer estos objetos como entidades específicas. El cerebro, por su parte, también juega un papel importante en la tarea de identificar formas características en un conjunto de datos. 

Pero empezemos por el principio. Por una parte, como es sabido, desde la Tierra siempre se aprecia la misma cara de Selene como consecuencia de los movimientos rotatorios de ambos cuerpos celestes. Y, por otra parte, el regolito varía de color debido a las diferencias en la composición del terreno. En concreto, las grandes áreas oscuras se llaman María –en contraste con las zonas más claras, denominadas Tierras Altas– y están compuestas por basaltos que brotan del interior del astro. Son restos de erupciones volcánicas gigantes que ocurrieron al inicio de la historia lunar. En estas estructuras los humanos evocamos objetos familiares por el patrón que nos parece observar. 

Lo curioso es que lo que en los países asiáticos se considera, por ejemplo, una liebre, en Europa nos parece un rostro humano. Y es que si la cultura y el entorno de cada sociedad influyen en el reconocimiento del patrón lunar y podemos decidir qué vemos en la Luna con anticipación y luego encontrar las similitudes de las formas ajustando el patrón, el ángulo de visión influye igualmente en la interpretación de las manchas, que cambian en función del hemisferio desde el que se aprecie el fenómeno.  No obstante, se vea desde donde se vea, estas figuras son las más imaginadas sobre el regolito:



Un conejo

Varias culturas asiáticas ven la cabeza de un conejo en el Mar de la Tranquilidad (donde aterrizó el Apolo 11) y unas orejas del mismo animal en los Mares de Néctar y Fertilidad. ¿Por qué está el conejo en la Luna? Según cuenta una leyenda de Sri Lanka, Buda se perdió una vez en un bosque y un conejo le indicó la salida. Buda le agradeció y le dijo que era pobre y estaba hambriento y no podía pagarle. «Si tienes hambre, enciende un fuego y mata, cocina y cómeme», le dijo el conejo. Buda prendió un fuego y la liebre saltó al interior. Pero Buda la sacó y la colocó en la Luna. Quizá por ello, en uno de los antiguos cuentos budistas, 'Jataka', un conejo es exaltado a la Luna. En China se cuenta, además, que la liebre Yutu (conejo de Jade) ayudó a la diosa de la Luna Chang'e cuando su amante, Hou Yi, la perseguía, después de que ella tomara el elixir de la inmortalidad que los dioses le habían dado. Es por ello que muchas de las últimas naves espaciales chinas llevan ambos nombres. Aztecas y nipones también son fans de esta representación. 

Un sapo

En otra variante de la historia de Chang'e, la diosa bebe el elixir y se transforma en un sapo. El pueblo Salish de la costa del Pacífico de América del Norte cuenta, en cambio, la historia del amor de un lobo por el sapo. El sapo desconfía de él y se esconde. El lobo, desconsolado, le ruega a la Luna para poder encontrar a su amado sapo. El lobo logra ver dónde se esconde y le persigue toda la noche. Cuando está a punto de atraparle, el sapo da un último salto gigante desesperado... y aterriza en la Luna, donde permanece hasta hoy. La leyenda de Lillooete también tiene a las ranas (y a un oso y a una serpiente) como protagonistas. 

Un cangrejo, un león, un búfalo, un dragón, un alce, unas manos, un árbol, el Yin Yang o caras sonrientes

A lo largo de la historia también se han reportado casos de distinguir en las manchas de la Luna a un cangrejo, un león. un alce, un búfalo y un dragón (con la cabeza y la boca a la derecha y el cuerpo y las alas a la izquierda). Aunque sólo resulta apreciable en fase de plenilunio. Alternativamente, la forma vaga de las regiones oscuras y claras de nuestro satélite puede parecerse a un símbolo de Yin Yang. Hay que se atreve a identificar unas manos, una cara sonriente o un árbol, incluso.



Un hombre o una mujer

No obstante, el más famoso de estos pareidolia lunares (el nombre para ver un patrón donde no lo hay) es un hombre. Por lo general la representación principal es un rostro. Sin embargo, en ocasiones se ve en Oceanus Procellarum una figura humana entera, normalmente portando un perro, palos o espinas, según la cultura. Otros han visto a una mujer. Los samoanos, sin ir más lejos, cuentan la historia de Sina, quien en época de hambruna estaba al aire libre por la noche machacando la corteza para convertirla en tela con un mazo y una tabla. La Luna se elevó, y su apariencia le recordó a una fruta del pan gigante. Sina le dijo: «¿Por qué no puedes bajar y dejar que mi hijo hambriento te coma?». La Luna se ofendió, pero bajó y de llevó a Sina, su hijo, el mazo y la tabla de regreso al cielo. Para ciertos lugares de Melanesia y Polinesia, Selene es vista como una cocinera sobre un fuego de tres piedras. 

Un nombre

Algunos musulmanes chiítas no creen que el patrón en la Luna es una persona o un animal. Ellos piensan que se trata del nombre de Ali, el yerno de Mahoma. Tal patrón se ve como una confirmación del hadiz (dicho del profeta) de que él era como el Sol y Ali era como la Luna.


© su-n-s-e-t

¿Por qué nuestro cerebro insiste en interpretar y darle un sentido a la María o a otros escenarios? «Nuestra mente es un órgano predictivo», responde Nouchine Hadjikhani, neurocientífica de la Universidad de Harvard. «Trata de encontrar sentido en el ruido todo el tiempo y llena los vacíos con información». Recientemente, el aprendizaje profundo ha logrado, de hecho, un gran éxito en reconocer y categorizar los objetos de imágenes mediante el entrenamiento. A diferencia del reconocimiento humano, éste no identifica un objeto a través de la cultura y el medio ambiente. 

«La probabilidad de reconocer y categorizar el patrón lunar depende así de qué parte del regolito esté incluida en la imagen», puntualiza Daigo Shoji, investigador del Instituto de Tecnología de Tokio (Japón). Y hay otro factor a tener en cuenta: en áreas donde no viven los leones, es difícil para las personas conectar un león con la Luna. Por lo tanto, volvemos al inicio. El entorno de una sociedad es importante para categorizar mentalmente estas estructuras 'tintadas' de forma natural en Selene.

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