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El meteorito ruso de 2013 podría haber estado involucrado en la formación de la Luna

Chelyabinsk (Rusia). 15 de febrero de 2013. 09.20 horas. Un meteorito explota en el cielo. Ahora, nueve años después, la Universidad de Cambridge en Reino Unido afirma que esta roca podría haber estado involucrada de alguna manera en el impacto gigante que formó la Luna. Este tentador hallazgo se produce gracias a una nueva forma de datar las colisiones entre rocas en el espacio, basada en el análisis microscópico de minerales dentro de meteoritos. Su investigación acaba de ser publicada en Communications Earth & Environment. Y aunque resulta preciso ampliar el estudio para confirmar este extremo, la técnica podría brindar una nueva manera de comprender la violenta historia temprana del Sistema Solar y cómo evolucionó hasta su forma actual.

«Las edades de los impactos de los meteoritos son a menudo controvertidas», declaró desde el centro educativo el geocientífico Craig Walton. «Nuestro trabajo muestra que necesitamos basarnos en múltiples líneas de evidencia para estar más seguros sobre las historias de impacto, casi como investigar la escena de un crimen antiguo». Los asteroides y meteoritos se estudian como si fueran cápsulas de tiempo de la formación del Sistema Solar, hace unos 4.500 millones de años. Eso es porque, cuando éste se estaba formando a partir de un disco de polvo y gas que giraba alrededor del Sol recién nacido, los planetas se originaron a través de repetidas colisiones de rocas más pequeñas.

En la Tierra (y en otros planetas) esa historia es extremadamente difícil de rastrear, ya que los procesos geológicos y climáticos la han sobrescrito. Incluso los grandes impactos en la superficie pueden ocultarse. Los asteroides, por otro lado, son inertes y pueden flotar en el vacío del espacio permaneciendo más o menos sin cambios, hasta que son absorbidos por el pozo de gravedad terrestre y caen al planeta a modo de meteorito. Algunos métodos actuales permiten datar colisiones antiguas en los minerales que se encuentran en los meteoritos. 


© Reuters

Uno de ellos emplea uranio-plomo en cristales de circón. Cuando se está formando, el circón incorpora uranio, pero rechaza el plomo. Por tanto, cualquier plomo que se encuentre en el circón tiene que ser producto de la desintegración radiactiva del uranio. Cómo conocemos cuánto tarda en desintegrarse el uranio, es posible inferir pues la edad del circón a partir del componente de plomo. Un impacto puede 'reiniciar', además, parcial o totalmente las edades de los minerales de radioisótopos. 

Gracias a esta herramienta, los científicos habían descubierto ya que el meteorito de Chelyabinsk había sufrido dos impactos. Uno hace 4.500 millones de años y otro hace 50 millones de años. Walton y sus colegas quisieron corroborar estas fechas estudiando la forma en que se habían roto los minerales de fosfato en el meteorito en impactos sucesivos. «Los fosfatos en la mayoría de los meteoritos primitivos son objetivos fantásticos para datar los eventos de choque experimentados por los meteoritos en sus cuerpos progenitores», sentenció el geofísico Sen Hu de la Academia de Ciencias de China en China.

Tomando la nueva datación de uranio-plomo como punto de comparación, los investigadores analizaron los detalles microscópicos de cómo se habían roto los minerales de fosfato y el efecto del calentamiento inducido por impacto en la estructura cristalina. Descubrieron que el primer impacto rompió los minerales de fosfato en pequeños pedazos y los sometió a altas temperaturas. El choque posterior pareció menor, con presiones y temperaturas más bajas. También creen que probablemente fue el impacto lo que separó el meteorito de su cuerpo principal más grande y lo envió en un curso de colisión con nuestro planeta.



Los hallazgos sobre el impacto anterior respaldan la evidencia previa de que hubo muchos destrozos de rocas de alta energía en el espacio hace entre 4.480 y 4.440 millones de años. Este período de tiempo es importante porque podría coincidir con dos momentos formativos separados en la historia del Sistema Solar: la migración de los planetas gigantes o la antigua colisión que los científicos creen que rompió un trozo de la Tierra bebé para formar la Luna. «El hecho de que estos asteroides registren un derretimiento intenso podría indicar una reorganización del Sistema Solar, ya sea como resultado de la formación de la Tierra y la Luna o quizás de los movimientos orbitales de los planetas gigantes», concluyó Walton.

Esta teoría implica que los grandes planetas (Júpiter, Saturno, Neptuno y Urano) se habrían formado más lejos del Sol que sus posiciones actuales y después se fueron acercando. Este movimiento habría causado muchas perturbaciones gravitatorias en el Sistema Solar anterior, lo que resultó en una gran cantidad de colisiones entre rocas. En el escenario de formación de la Luna, se cree que un cuerpo del tamaño de Marte se estrelló contra la Tierra hace unos 4.500 millones de años expulsando un montón de material al espacio, que se fusionó para formar la el astro. 

Este chorro de eyección también habría dado como resultado un aumento de las colisiones. El próximo paso en la investigación llevada a cabo por la Universidad de Cambridge, según el equipo, es revisar el momento de la formación de la Luna, «lo que debería arrojar más luz sobre este fascinante misterio».

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