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Olvida los cohetes. El futuro está en el ascensor lunar

Ya en 1895, el físico ruso Konstantin Tskiolkovsky alzó la mirada hacia la punta más alta de la Torre Eiffel de París y se la imaginó unida por un gran cable a algún punto del espacio. Desde entonces, numerosos científicos, ingenieros, astronautas y escritores han soñado con la creación de un ascensor espacial.

Hoy en día, la idea de llegar al espacio con un elevador es solamente una visión, pero no es imposible. En un futuro no cercano, un aparato espacial de estas características podría trasladar a seres humanos, satélites y otros objetos de forma mucho más económica que los cohetes actuales.

Prácticamente nadie ha resuelto aún la pregunta de si algún día existirá un material que permita construir un cable de tantos kilómetros como el que se necesitaría. Dominik Schaefer (que ha fabricado en la ciudad alemana de Garching un prototipo) opina, acerca de la posibilidad de que algún día se consiguiera esto, que «lo importante es poder utilizar lo que hemos aprendido sobre física e informática».

La mentalidad de los estudiantes de tecnología aeroespacial de Stuttgart es hacer posible lo imposible: «supondría un nuevo capítulo para la navegación espacial». Para el equipo de Yoshio Aoki, de la universidad japonesa de Nihon, es de vital importancia fortalecer la comunidad científica internacional. «Para llegar a construir el elevador tendrán que colaborar muchas personas del mundo».

Se calcula que por motivos físicos, la estación terrestre del ascensor deberá estar situado en el ecuador y preferiblemente sobre el agua. Además de establecerse un perímetro de prohibición de vuelo.  



Según explica Tobias Ortmann, vicejefe de proyecto del concurso de Garching, «el problema es el material de cable. Los de acero tienen sus límites en unos cuantos kilómetros, como muestran los puentes colgantes. Las esperanzas están puestas en el grafeno, un material laminar de átomos de carbono que es duro, flexible y conductor del calor y la electricidad».

Desde hace tiempo, científicos, empresas y estudiantes han investigado acerca de la posibilidad de un ascensor espacial, presentando distintos modelos e incluso atreviéndose a predecir que los primeros viajes se realizarían en 20 o 40 años. Es el caso de los japoneses.

China también está estudiando la creación de un ascensor espacial que sirva como lanzadera de todo tipo de viajes espaciales, desde misiones tripuladas al transporte de mercancías. 

Incluso una empresa de Estados Unidos y otra de Reino Unido se propuso fabricar un elevador con nanotubos de carbono hasta la Luna, siendo la idea original del pionero espacial Konstantin Ziolkovski que, en 1895, se propuso lanzar «una torre» que llegase al espacio.

«La cuestión es si podremos conseguirlo en este siglo», señala Martin Lades, del Consorcio Internacional para un Elevador Espacial (ISEC), que es más optimista y cree que tal vez en 2050 ya pueda funcionar. 


Viajar en él podría ser algo así: 

«Damas y caballeros, bienvenidos a bordo del elevador espacial. Su primera parada será la plataforma de nivel lunar, antes de continuar hacia la zona de desarrollo del New Frontier Space Colony. El viaje completo durará aproximadamente 5 horas, así que siéntese y disfrute el viaje. A medida que nos elevamos, asegúrese de mirar por la ventana mientras la curvatura de la tierra se hace visible y el cielo cambia de azul profundo a negro. ¡Seguramente una de las vistas más impresionantes que jamás haya visto!».

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