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El primer plan para viajar a la Luna fue un barco con alas

Julio Verne ya soñaba en 1865 con viajar un día a nuestro satélite ('De la Tierra a la Luna'). Pero la idea de descubrir otro mundo no ha acompañado siempre a la Humanidad. Surgió en la primera mitad del siglo XVII. Era una época en la que el conocimiento científico avanzaba con una rapidez nunca vista. Este hecho, dio lugar a uno de los programas espaciales más ambiciosos de la Historia: los primeros esfuerzos por volar a la Luna. 

Cuando Galileo miró al astro por primera vez desde Italia con el recién inventado telescopio en enero de 1610, se sorprendió al descubrir que parecía ser un «mundo». Pudo apreciar montañas, continentes y lo que el científico confundió con mares. Galilei plasmó  sus 'visiones' en dibujos, que luego publicó. El joven clérigo británico John Wilkins se quedó prendado de lo que el genio pudo ver y empezó a trabajar para conseguir alunizar en nuestro satélite.

En 1638 publicó su 'Descubrimiento de un nuevo mundo en la Luna', con el que proporcionó la primera oportunidad real para que los lectores en inglés interpretaran las ideas de Galileo. Se inspiró en un par de obras de ciencia ficción, como 'Somnium' ('El sueño'), publicado por Johannes Kepler en 1634, y que especuló sobre los viajes humanos en el espacio. Copernicano, Wilkins creía que la Tierra se movía alrededor del Sol, y sugirió que no solo la Luna podría estar al alcance, sino también otros planetas. Estas fantasías no hicieron más que predecir el alunizaje del Apolo 11.




Teniendo en cuenta la tecnología más avanzada de la época, decidió hacer un proyecto único: construir un barco con motor y alas, con el que 'abandonar' la Tierra, navegar por el espacio y alunizar sin problema. La nave en sí no guardaba ningún misterio. Era un barco al uso. Su secreto radicaba en un potente motor con el corazón de un reloj que iría conectado a las alas. La idea era hacerlo volar con una explosión de pólvora y, ya en el aire, que el reloj hiciera que las alas se batieran.

Para ello, el curioso Wilkins calculó con un imán y una brújula que la atracción de la Tierra paraba traspasados los 30 kilómetros de altura –confundió la gravedad con el poder del campo magnético terrestre–. Ayudado de las alas, la nave superaría esa barrera y, a partir de ahí, 'solo' tendría que 'flotar' hasta la Luna. Cuando, a la vuelta, notara la atracción de nuestro satélite, las alas le ayudarían a aterrizar suavemente. Pero la ciencia comenzó a comprender los conceptos de atmósfera y vacío  (1659, Robert Boyle y Robert Hooke) y Wilkins se dio cuenta de que sus planes de viaje espacial eran irrealizables y todo quedó en un proyecto de más de una década. 

No obstante, el clérigo sentó la pasión por tratar de conquistar la Luna, algo que no se consiguió hasta siglos más tarde y que sigue considerándose como uno de los momentos cumbres de la tecnología del ser humano. Muchos pensadores de la época se preguntaron si Dios había hecho allí un mundo como en la Tierra. El astrónomo galés William Lower dijo, de hecho, que su telescopio hacía que la Luna se pareciera a una carta marina holandesa, con bahías, islas y ensenadas. ¿Habría puesto vida inteligente en ella? De ser así, ¿podríamos comunicarnos con esos seres?

Wilkins imaginó, igual que ellos, el encuentro con los posibles habitantes de la Luna, a los cuales llamaba 'selenitas', por la diosa griega de la Luna Selene. Si existían, escribió, los comerciantes podrían comerciar con ellos y establecer nuevos mercados lucrativos.  Además, Wilkins señaló que el suministro de alimentos para los viajeros del espacio no supondría un problema pues, argumentó, solo sentimos hambre debido al constante tirón de la Tierra sobre nuestros estómagos.

Finalmente, la Humanidad acabó llegando a la Luna, sí. Pero unos 330 años después de que el fundador de la Real Sociedad de Londres ideara su ingenioso invento, convirtiéndose en la primera persona en planear un viaje (de varias semanas) a la Luna, «sin importar cuan inviable fuese», apostilla Allan Chapman, historiador de la ciencia en la Universidad de Oxford, especializado en historia de la astronomía y la medicina, y en la relación entre ciencia y religión.



Camino a la Luna

  • 1610. Galileo usa el recién inventado telescopio para descubrir montañas y otras formaciones en la Luna.
  • 1634. 'Somnium' ('El sueño'), de Johannes Kepler. Es la primera obra de literatura de ciencia ficción que describe un viaje a la Luna. El astronauta de Kepler era propulsado por espíritus.
  • 1638-1648. John Wilkins escribe 'El descubrimiento de un nuevo mundo... en la Luna', en la que revisa los avances en tecnología mecánica y propone un viaje al satélite natural de la Tierra en una 'carroza voladora'.
  • 1695. El 'Cosmotheoros' de Christiaan Huygens avanza el argumento de que los seres que viven en Saturno deben ser tecnológicamente avanzados y probablemente nos estén mirando con telescopios.
  • 1783. Los hermanos Montgolfier construyen en Francia su globo aerostático para llevar humanos a la atmósfera. Pero entonces los científicos ya sabían que el espacio era un vacío congelado infranqueable.
  • 1926. Robert H. Goddard lanza en EE UU el primer cohete moderno del mundo, utilizando un motor que quema combustible líquido.
  • 1957. Rusia lanza Sputnik, la primera nave espacial o satélite artificial que orbita la Tierra.
  • 1961. Yuri Gagarin se convierte en el primer ser humano en sobrevivir un viaje espacial.
  • 1969. Los estadounidenses Michael Collins, Buzz Aldrin y Neil Armstrong aterrizan en la Luna transportados por el Apollo 11, convirtiéndose en los primeros hombres en pisar otro mundo.

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