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Cápsulas y paracaídas. Así se traían las fotos desde la Luna antes de 1969

Al contrario de lo que puedan decir muchos negacionistas, es evidente que el ser humano sí puso pie en la Luna el 20 de julio de 1969. Algunos llegan a sospechar incluso de la capacidad de los astronautas para cambiar los rollos de las cámaras, o del efecto de la radiación cósmica sobre las películas. En realidad, las cámaras eran especiales y llevaban rollos herméticos con más capacidad de lo normal que no era necesario cambiar.

Pero, antes de que se inventara la fotografía digital, la tarea de conseguir imágenes detalladas de nuestro satélite no era nada sencilla. Al menos los astronautas del Programa Apolo podían traer las películas a la Tierra para revelarlas aquí. Pero para encontrar el punto de alunizaje de sus misiones, hubo que tomar instantáneas detalladas de la superficie lunar en excursiones espaciales no tripuladas. Este era el objetivo de los satélites Lunar Orbiter, que despegaron entre 1966 y 1967 y nunca volvieron a nuestro planeta. ¿Cómo llegaron esas fotos a la Tierra?

Como explica La Razón, en plena Guerra Fría, Estados Unidos no empleaba satélites solo para avanzar en la carrera espacial. También le servían para espiar a Rusia, y el objetivo del programa CORONA era, precisamente, tomar fotografías de aquel país desde un satélite. Una vez captadas las imágenes, los rollos volvían a la Tierra en cápsulas especiales para protegerlos del calor al entrar a la atmósfera, equipados con propulsores para guiarlos en el recorrido e incluso paracaídas para amortiguar la caída. Un avión las agarraba en pleno vuelo y, si no lo conseguía, un helicóptero las rescataba del mar donde caían.

Pero las misiones Lunar Orbiter no utilizaron la misma estrategia. Aquí, la NASA apostó por revelar las fotos dentro del propio satélite, y a continuación enviar las imágenes por radio a la Tierra. El cometido no era fácil. Los rollos de película funcionan porque tienen cristales microscópicos de un compuesto de plata que son sensibles a la luz. Cuando se aprieta el botón de la cámara, la luz del exterior llega, a través de la lente, a la película, y provoca que los cristales se transformen en átomos de plata con carga positiva. Así es como se crea la imagen latente. Pero, para verla, hay que revelar la película.

Normalmente, el revelado comienza introduciendo la película en un líquido que convierte los átomos de plata con carga positiva en átomos de plata sin carga, y luego se lava con agua varias veces. Este proceso se tiene que realizar en total oscuridad para que la película no absorba más luz y altere la imagen latente. El resultado es el negativo de la foto, que después se proyecta en un papel especial que tiene más cristales del compuesto de plata y, al pasar la luz a través del negativo, en el papel se plasma la imagen original. Después, el papel se pasa por sucesivos baños y lavados y se obtiene la foto revelada.


Primera fotografía de la Luna apareciendo por detrás de la Tierra. Imagen del Lunar Orbiter 1. © NASA


Escáner por radio

En el espacio, la oscuridad no era difícil de conseguir. Pero, en un entorno de microgravedad, bañar y lavar las películas podría causar todo tipo de derrames. El sistema que desarrolló Kodak estuvo clasificado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense hasta el año 2001, puesto que se inventó para tareas de espionaje. En lugar de bañar la película en el líquido que la convirtiera en un negativo, se presionaba una capa de gelatina que contenía los productos químicos necesarios para llevar a cabo el proceso.

Pero no era suficiente con revelar las fotos: si los rollos no podían volver a la Tierra, las imágenes impresas tampoco. Por eso hubo que inventar uno de los primeros escáneres de la historia. El aparato recorría las fotos, sección por sección, en un detalle impresionante para la época, y registraba la luminosidad de cada zona. Estas cifras se enviaban por radio de vuelta a la Tierra y se utilizaban para recrear las imágenes aquí. 

Resolución nunca vista

El resultado fueron instantáneas de muy alta resolución, 10 veces mayor que las mejores observaciones hechas desde la Tierra. Cuando se completaron las cinco misiones Lunar Orbiter, se consiguió fotografiar el 99% de la superficie lunar con una resolución de 60 metros o mejor. Gracias al satélite Lunar Orbiter 3, se confirmaron los puntos de alunizaje más seguros para el programa Apolo. Pero no hubo que esperar a que los astronautas llegaran a la Luna para que surgiera la controversia. La famosa fotografía de la Tierra saliendo por el horizonte de la Luna, tomada por el Lunar Orbiter 1, muestra algunas líneas verticales. 

Hay quien las achaca a la NASA y sostiene que empeoraron la calidad de las imágenes a propósito para que parecieran más reales. Aunque, en realidad, se deben al complejo proceso de reconstrucción de la imagen. Llegaron a elaborar, incluso, un mapa lunar en 3D con fotografías analógicas. Conspiraciones aparte: la tecnología se alimenta de la ciencia, pero en ocasiones como esta es la ciencia la que demanda nuevas tecnologías para seguir avanzando en su experimentación y exploración. 

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