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Así alunizó el primer artefacto humano que pisó la cara oculta

El 3 de enero de 2019 –hace hoy 3 años– la sonda china Chang’e 4 hacía historia al convertirse en el primer artefacto humano en posarse sobre la cara oculta de nuestro satélite. El aterrizaje tuvo lugar por sorpresa a las 02:26 UTC (10:26 hora de Pekín), ya que las autoridades decidieron no anunciar con antelación el evento (de hecho, estaba previsto para el día 12) y únicamente los rumores en las redes sociales indicaron que el alunizaje era inminente. 

La sonda fue lanzada 7 de diciembre de 2018 a las 18:23 UTC desde el centro espacial de Xichang mediante un cohete Larga Marcha CZ-3B/G3Z. La pendiente de la trayectoria de descenso fue mucho más pronunciada que en el caso de la Chang’e 3 por culpa del relieve de la zona: el cráter von Kármán (177,6º este, 45,5º sur), situado en medio de la cuenca de impacto Aitken que, con 2.500 kilómetros de diámetro, es una de las más grandes del sistema solar. La sonda desplegó su rover, bautizado como Yutu 2, a las 14:22 UTC. 

Cámaras y experimentos

La Chang’e 4 tenía una masa de 3.780 kg (1.200 kg en seco) y llevaba un pequeño rover de 140 kilos similar al Yutu ('conejo de jade' en mandarín) de la Chang’e 3. La sonda portaba la cámara inferior LCAM (Landing Camera) para filmar el alunizaje y la cámara panorámica a color TCAM (Terrain Camera) similares a las de la misión 3. Evidentemente, no se puede ver la Tierra en ninguna de las fotografías.

También contaba con el detector de neutrones LND (Lunar Lander Neutrons and Dosimetry), construido por la agencia espacial alemana (DLR) para estudiar la composición del regolito lunar y buscar la presencia de moléculas de agua. Incorporaba, asimismo, el experimento de radioastronomía LFS (Low Frequency Spectrometer) con cinco antenas desplegables para observar el cielo en las frecuencias de 0,1 a 40 megahertzios. 




En su interior portaba otro experimento astrobiológico, de 3 kilos con gusanos de seda, semillas de patatas y arabidopsis. Las semillas debían germinar dentro de un contenedor presurizado de 18 x 16 centímetros y 3 kilos. El proyecto, desarrollado por 28 universidades chinas, incorporaba su propias reservas de aire, agua y nutrientes, además de una cámara para inmortalizar cada avance. 

Para atenuar el frío de la noche lunar, tanto el rover como el aterrizador incorporaban un generador de radioisótopos de plutonio-238, de fabricación rusa. Desprendía 120 vatios de potencia térmica, lo que permitía calentar los instrumentos durante la noche, por medio de un líquido conductor circulante. El módulo tuvo que pasar por hasta seis etapas de desaceleración para descender a una altura de 15 kilómetros mientras se comunicaba  con nuestro planeta. 

Una circunstancia que la Administración Espacial Nacional China (CNSA) ya se había preocupado de resolver el 21 de mayo con el lanzamiento del satélite de comunicaciones Queqiao a modo de estación de retransmisión. Tras aterrizar en la cara oculta, y pasadas 12 horas, Yutu 2 se separó de la Chang'e 4 y comenzó su recorrido sobre la superficie selenita. En mayo de 2019, el rover ya encontraba los primeros materiales extraños en la capa externa de nuestro satélite.

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