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¿Puede provocar la Luna la erupción de un volcán?

Actualmente existen en la Tierra unos 500 volcanes considerados 'activos', de los cuales entre 30 y 50 entran en erupción cada año. Lamentablemente, las erupciones, aún con tanta tecnología, son difíciles de predecir y el trabajo constante de monitoreo de los vulcanólogos es importante para prevenir desastres.

Uno de los conceptos clave para predecir alertas es la la posible relación entre las fases de la Luna y la actividad en los sistemas volcánicos. El debate científico se desarrolla, de hecho, alrededor de la cuestión de si las mareas –que con un ciclo de 14 días están directamente relacionadas con las etapas lunares– pueden afectar o inducir a que algunos tipos de erupciones se produzcan en días específicos.



Erupción en Campi Flegrei. © Istock

Por ejemplo, un estudio realizado por el Departamento de Geología y Mineralogía de la Universidad de Michigan en 1972 sugería que las principales erupciones producidas en el volcán Stromboli, en la isla de Sicilia (Italia) tuvieron lugar preferentemente cerca de los mínimos de marea quincenales (conocidas como mareas muertas, luna en cuarto creciente y menguante). 

Otro análisis informaba una correlación similar para el volcán Islas Quemadas, en El Salvador, entre los años 1979 y 1980. Lejos de que esas investigaciones preliminares puedan ser concluyentes, aparecieron los resultados de un estudio hecho por el Instituto de Geología Ambiental y Geoingeniería de Roma, que indicaba exactamente lo contrario. 

Durante muchos años, los estudios ofrecían resultados contradictorios y poco concluyentes

Esos profesionales marcaban que la frecuencia de pequeños eventos explosivos en el Monte Stromboli aumenta durante los máximos de marea quincenales (cuando se producen las mareas vivas, o sea cerca de la luna llena o nueva). Además, otros colosos como el volcán de Fuego en Guatemala, el Mayon en Filipinas y el Kilauea en Hawaii, ofrecían esa misma correlación positiva durante esas fases lunares en particular.

Estas contradicciones llevaron a que se siga profundizando sobre el tema. Un estudio encabezado por el investigador Társilo Girona, del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA –que se publicó hace algunos meses en la revista Scientific Reports–, puso un poco de luz después de 13 de años de observaciones y centrando su investigación en el volcán Ruapehu, de Nueva Zelanda.


Volcán Ngauruhoe © Travel Family


Ruapehu ha mostrado durante los últimos 15 años un comportamiento impredecible, con picos no periódicos de actividad y reposo, entrando en erupción de forma súbita en 2017. Desde que se produjo una gran erupción en 1996, los científicos de Nueva Zelanda lo vigilan de cerca  Por tanto, cuentan con datos sísmicos continuos.

El trabajo muestra, a partir de los datos obtenidos de la red de sismómetros instalados en este coloso durante los 3 meses previos a la erupción de 2017, que cuando había Luna llena y Luna nueva la vibración del suelo era menor (amplitud sísmica), pero cuando Selene estaba en su cuarto menguante o creciente el suelo vibraba más. 

Por tanto, los volcanes, aunque entran en erupción por diferencias de densidad y presión, pueden verse afectados por el efecto de las mareas cuando se encuentran en un estado crítico de erupción. Y esto es lo que en un futuro podrán utilizar los científicos para desarrollar nuevos sistemas de alerta temprana y evacuación.


Volcán en Nueva Zelanda bajo la Luna. © UNSPLASH



Movimientos tectónicos

Además, un estudio dirigido por la geofísica Anne M. Hofmeister en Artes y Ciencias de la Universidad de Washington en St. Louis (EE UU) propone que las fuerzas y los pares desequilibrados en el sistema Tierra-Luna-Sol impulsan la circulación de todo el manto. Las placas terrestres podrían estar cambiando porque el Sol ejerce una atracción gravitacional tan fuerte sobre la Luna que ha provocado que su órbita alrededor de la Tierra se alargue.

Con el tiempo, la posición del baricentro, el centro de masa entre los cuerpos en órbita de la Tierra y la Luna, se ha acercado a la superficie de nuestro planeta y ahora oscila 600 km por mes en relación con el geocentro, explica Hofmeister. Esto genera tensiones internas, ya que la Tierra sigue girando.

«Debido a que el baricentro oscilante se encuentra a unos 4.600 km del geocentro, la aceleración orbital tangencial de la Tierra y la atracción solar están desequilibradas excepto en el baricentro», dijo Hofmeister, quién continuó: «Las capas interiores cálidas, gruesas y fuertes del planeta pueden soportar estas tensiones, pero su litosfera delgada, fría y quebradiza responde fracturándose».

El giro diario aplana la Tierra desde una forma esférica perfecta, lo que contribuye a esta frágil falla de la litosfera. Estas dos tensiones independientes crean el mosaico de placas observado en la capa exterior, sugieren la autora del estudio. La variedad de movimientos de las placas proviene de los cambios de tamaño y dirección de las fuerzas gravitatorias desequilibradas con el tiempo. 

El estudio de la geofísica americana  muestra, por tanto, que la presencia y la longevidad del vulcanismo y el tectonismo dependen de la combinación particular del tamaño de la Luna, la orientación orbital del satélite, la proximidad al sol y las tasas de rotación y enfriamiento del cuerpo. 

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