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Pone rumbo al espacio el telescopio capaz de ver una abeja en la Luna

¿De dónde venimos? Contestar esta pregunta es uno de los hitos que los científicos esperan conseguir con el nuevo telescopio gigante James Webb, que hoy se envía al espacio (estaba previsto ayer a las 13.20 CET/12.20 GTM, pero las condiciones atmosféricas lo impidieron). Otro objetivo sería, quizás, encontrar otros planetas con condiciones aptas para albergar vida, y quién sabe cuántas sorpresas más.

El James Webb es el telescopio más grande jamás enviado fuera de la Tierra. Mide el doble que el famoso telescopio Hubble, que desde el 1990 ha proporcionado enormes conocimientos sobre el universo. Su base mide 22 metros por 12 y su gran espejo, formado por 18 segmentos hexagonales, tiene un diámetro de 6,5 metros, en comparación a los 2,4 metros del espejo del Hubble y sus 13 metros de largo. 

Eso sí, pesa la mitad que su predecesor. También incorpora cuatro potentes instrumentos que le permiten captar muchos tipos de luz que el Hubble no detectaba, como la infrarroja que viaja por el universo desde hace 13.500 millones de años. Y es que, en el espacio, observar estrellas cada vez más lejanas significa viajar cada vez más atrás en el tiempo. @javyfeu, profesor universitario de física e informática, ha realizado desde Argentina un gráfico poder ver cómo orbitará.



Espejo del James Webb. © KEVIN LAMARQUE / NASA




El Webb será capaz de ver hasta 100 millones de años más atrás que el Hubble, tan solo unos 300 millones de años después del Big Bang. Es un espacio y tiempo que no se había observado nunca. Esto se espera que dé respuesta a muchas preguntas abiertas sobre el origen de la materia y la formación de las primeras galaxias. Pero también permitirá ver con más nitidez espacios mucho más cercanos. Con este telescopio, «si alguien fuera a la Luna, desde la Tierra lo podríamos ver», afirma el astrofísico de la NASA John Mather, uno de los padres del proyecto.

Una vez se sitúe en su lugar, a unos 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, el Webb orbitará el Sol, pero no lo enfocará porque se calentaría demasiado. En cambio, permitirá observar lo que hay a partir de Marte y las estrellas más lejanas. Sus potentes espectrómetros son capaces de diseccionar la luz que ha atravesado atmósferas planetarias para identificar los elementos químicos que las componen. Esta tecnología, llamada espectroscopia de transmisión, permitirá saber si en las atmósferas de los planetas hay moléculas de agua u otros elementos que permitan la vida.


Comparación entre el James Webb y el Hubble. © NASA



Uno de estos potentes espectrómetros lo ha aportado la Agencia Espacial Europea (ESA), que también contribuye con el cohete Ariane 5 que enviará el telescopio espacial James Webb al espacio desde la plataforma de lanzamiento que tiene la ESA en la Guayana Francesa. Si todo va bien, después de un proceso concienzudo de ajuste de todos los dispositivos, se espera que las primeras imágenes empiecen a llegar seis meses después. El James Webb es fruto de la colaboración entre la NASA, la ESA y la agencia canadiense CSA. De hecho, miles de científicos de hasta 300 universidades, organizaciones y empresas de una quincena de países han colaborado en la creación de esta increíble pieza tecnológica. 

La agencia canadiense, entre otras cosas, aporta el cuidadoso sensor que guiará el objetivo y le dirá hacia dónde apuntar con extraordinaria precisión. «Con el Hubble descubrimos la energía oscura, esta misteriosa fuerza que hay en el universo. Ahora conocemos muchos exoplanetas y hemos descubierto nuevas lunas de Plutón», indica Klaus Pontoppidan, astrónomo del Space Telescope Science Institute (STScI), que participa en el proyecto. «Podemos planificar lo que queremos saber (con el nuevo telescopio James Webb), pero la naturaleza nos sorprenderá seguro y probablemente revelará cosas inesperadas», augura el científico.



Una herramienta de 10.000 millones, ocultada de los piratas


¿De dónde vienen los agujeros negros y la energía oscura? ¿Cómo se crearon las estrellas? ¿Cómo se formó el primer átomo de carbono o de oxígeno? ¿Qué hay en la atmósfera de las lunas de Saturno? El Webb, el telescopio espacial más enorme y potente nunca antes construido, ayudará a dar respuesta a estos y otros interrogantes. «La astronomía se hace las grandes preguntas: ¿de dónde venimos? ¿Estamos solos en el universo? Con este telescopio quizás encontraremos conclusiones inesperadas», afirma Amber Straughn, científica del equipo Webb en la NASA. Y probablemente nos hará formular nuevas preguntas que ahora no podemos ni imaginar.

El James Webb –bautizado con el nombre de quien fue administrador de la NASA en los años 60– ha costado 10.000 millones de dólares. Un precio tan colosal que hizo temer a los responsables del proyecto que alguien quisiera apoderarse de él, quizás para extorsionar la agencia gubernamental, en el momento en el que tuvo que dejar el territorio norteamericano. Por ello se ocultó la fecha en la que sería trasladado desde California, atravesando el canal de Panamá. El viaje duró 16 días, hasta que llegó al puerto de Pariacabo, el pasado 12 de octubre. La preciada carga se trató como un tesoro.


Representación artística de un robot colocando una antena. © LUNAR RESOURCES



FarView, un observatorio en la cara oculta

No obstante, la NASA anunció en marzo su apuesta por un crear un radiotelescopio masivo en la cara oculta lunar. Quiere establecer allí un observatorio de radioastronomía con una red de cientos de kilómetros de antenas construidas con materiales autóctonos. La agencia  otorgó 125.000 dólares a Lunar Resources y la Universidad de Colorado (CU) Boulder para completar un estudio de nueve meses sobre el proyecto, llamado Lunar Farside Radio Observatory, o FarView.

Jack Burns, profesor de Ciencias Astrofísicas y Planetarias y Física en CU Boulder, desarrolló el concepto para este observatorio sin precedentes. «Será el más sensible de la historia», corroboró Ronald Polidan, director de programas de Lunar Resources. FarView tiene como objetivo investigar un período inexplorado en la historia del universo llamado Edad Oscura Cósmica. Identificará las condiciones y procesos bajo los cuales se formaron las primeras estrellas, galaxias y agujeros negros en acumulación. Sin embargo, eso es solo la punta del iceberg.

«El observatorio permitirá que se investiguen múltiples disciplinas de la Ciencia con un detalle sin precedentes», dijo Burns. «No solo podemos hacer astrofísica única en su tipo, sino que también sondear el subsuelo lunar, desarrollar pronósticos meteorológicos espaciales en profundidad, detectar campos magnéticos asociados con planetas potencialmente habitables alrededor de estrellas cercanas y detectar rayos de tormentas en Neptuno».



© ESA



Construcción robotizada

El concepto de FarView consiste en un radioobservatorio de 20 km x 20 km construido en el lado lejano de la Luna con un área total de más de 400 kilómetros. Debido al enorme tamaño, ha sido diseñado para fabricarse 'in situ', lo que significa que los materiales de construcción se extraerán de Selene (las novedosas técnicas de fabricación espacial y extracción de recursos lunares de Lunar Resources están permitiendo que más del 95% de la masa del observatorio se pueda extraer) y luego se construirán robóticamente con las tecnologías de industrialización espacial existentes.

«Usando los recursos en la Luna, podríamos construir FarView al 10% del costo del James Webb y operar durante más de 50 años. Eso es un cambio de juego», dijo Alex Ignatiev, director de tecnología de Lunar Resources. A través de la subvención recibida, el equipo realizará un estudio inicial de extremo a extremo a nivel de sistema para la construcción de observatorio. Luego, el equipo solicitará la financiación de la Fase II antes de realizar la transición a un programa de Fase III para desarrollar la primera de las cuatro matrices en la superficie lunar de cara a 2030.

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