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La actividad volcánica de la Luna es más reciente de lo que se creía

La Luna revela un nuevo secreto. Han pasado diez meses desde que la nave Chang'e 5 regresó a la Tierra con casi dos kilos de rocas de su superficie. Estas muestras fueron extraídas por China en diciembre de 2020 de la zona Em4/p58, en la región Oceanus Procellarum, una de las manchas oscuras más amplias vistas desde nuestro planeta, donde se cree que existe lava solidificada joven, una indicación de vulcanismo relativamente reciente.

Analizadas las rocas basálticas y el polvo recogidos, los  científicos han descubierto ahora una actividad volcánica 1.000 millones de años más reciente de lo que se pensaba. El hallazgo se ha publicado en la revista Science. Los restos fueron identificados previamente por la baja densidad espacial de cráteres de impacto en la zona. «A más cráteres en una superficie, más antigua es», explica Xiaochao Che, autor principal del informe. 


© NASA


«Queríamos limitar la edad de la roca. Se había predicho por los cráteres de impacto que su edad oscilaba entre los 1.200 a 3.200 millones de años», puntualiza Che. Los expertos estudiaron la composición química de dos fragmentos de una muestra e investigaron la datación radiométrica para establecer su origen y edad, analizando las variedades o isótopos de un elemento químico concreto: el plomo. 

Hallaron que la zona de la que extrajeron los basaltos –y en la que se cree que unos 2.000 kilómetros cúbicos de magma basáltica fueron arrojados a la superficie– tenía entre 1.906 y 2.020 millones de años. Esto suponía 1.000 millones de años menos de lo que se había estimado en investigaciones previas con medidas orbitales o de satélite, y con datos de regiones colindantes de las misiones Apolo o Luna, de EE UU y Rusia, respectivamente. 


La cronología lunar se utiliza para estimar las edades de otras superficies planetarias del Sistema Solar

Y es que al calibrar la relación entre la disposición y cantidad de cráteres en una superficie con su edad se gana precisión en el cálculo cuando se toman datos de forma remota desde satélites. «La Luna es el único cuerpo planetario en el que las edades de los cráteres de impacto han sido calibradas con datación radiométrica», desvela Che.

Los análisis químicos de las dos muestras analizadas han dado una composición muy rica en minerales y elementos que producen calor, y esa puede ser una de las razones por las cuales el magma en superficie tardó más tiempo en enfriarse y por ello los basaltos estudiados son más recientes que en otras zonas.


Dos muestras de roca lunar: A-C y B-D. Se representa la composición con colores: sílice azul, magnesio verde, hierro rojo, aluminio blanco, calcio amarillo, titanio rosa y potasio cian. © Che et. al, Science 2021.


«No hay pruebas de que haya altas concentraciones de elementos productores de calor en el manto profundo de la Luna que generó estas lavas, por lo que se requieren explicaciones alternativas para la longevidad del magmatismo lunar», reconocen los autores, que creen que se han de estudiar modelos alternativos de actividad volcánica, considerando que las lavas más recientes de la superficie no provienen del magma emergido desde las profundidades, a más de 50 kilómetros.

«Mi impresión es que los grandes mares de lava tuvieron que ser realmente espectaculares (aún quedan muchas estructuras volcánicas lunares, como domos, coladas, rilles sinuosos...», opina el geólogo planetario Jesús Martínez Frías, jefe del Grupo de Investigación de Meteoritos y Geociencias Planetarias del CSIC y fundador de la Red Española de Planetología y Astrobiología.


© NASA

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