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¿Es posible ponerse moreno en la Luna?

Empecemos con otra pregunta: si la luz solar directa puede hacer que las personas se bronceen, e incluso se quemen, ¿podría ponernos morenos también la luz reflejada (en este caso de la Luna)? La respuesta es: no. Por más brillante que sea. El bronceado es una reacción de la luz ultravioleta del sol. Como resultado a su exposición continua, la piel –en función de los factores genéticos– produce en mayor o menor medida el pigmento de la melanina.

Aunque pasemos una noche entera expuestos a luz de la Luna, no subiremos el tono de nuestra piel. La luz solar que llega al satélite a través de la Tierra no tiene suficiente energía ultravioleta para activar el escudo defensivo de la dermis. El motivo es que la superficie del astro es bastante oscura, y absorbe la mayor parte de la luz solar que le llega. Sería necesaria una exposición prolongada. En este caso, «prolongada» significa cientos de años de continuo baño de Luna. 



© EFE



El ingeniero mecánico catalán Jordi Pereyra Marí esgrime el siguiente argumento: «una persona con la piel muy blanca le bastará una exposición a un índice UV de entre 1 y 3 durante una hora para sufrir quemaduras. Según los límites de exposición, eso quiere decir que, durante esos 60 minutos (3.600 segundos) su piel absorberá una energía de 540 Joules por metro cuadrado (J/m2) de radiación UVA y 1.8 J/m2 de radiación UVB».

«Al ritmo al que nos llega la radiación ultravioleta reflejada por la Luna, tardaremos bastante en absorber esta cantidad de energía y ponernos morenos. Muchísimo, de hecho. A este ritmo, superaríamos el límite de absorción de radiación UVB en 5.514 años (recordemos que es más energética que la radiación UVA) y tardaríamos 98.235 años para quemarnos sólo con radiación UVA», razona. 

La cuestión es... ¿nos pondríamos morenos antes de quemarnos? «Me atrevería a afirmar con bastante seguridad que no nos podríamos poner morenos por la noche aunque nos pasáramos literalmente toda la vida expuestos a la luz de la Luna llena porque, aunque viviéramos miles de años, seguramente la piel es capaz de reparar el daño causado por la radiación ultravioleta reflejada por nuestro satélite más rápido de lo que ésta la puede dañar y no necesitaría activar su mecanismo de defensa para protegerse».

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