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Muere el jesuita que calibró el sismógrafo del Apolo 11

La primera misión que llevaba a bordo un sismógrafo para ser lanzado a la superficie lunar se remonta a 1962. Era la quinta sonda del programa Ranger, cuyo objetivo era cartografiar la Luna para obtener información acerca de las características de su capa externa, en preparación para el desarrollo de los programas Surveyor y Apolo. Debido a problemas de comunicación, Ranger 5 perdió su rumbo y jamás cumplió su cometido.

Por esos días, se encontraba en el Observatorio Sismológico de Weston, perteneciente al Boston College (EE UU), uno de los sismógrafos diseñados para ser puesto en la superficie lunar. Allí fue donde el joven de 25 años y estudiante de geofísica René van Hissenhoven Goenaga lo conoció por primera vez. 


© El Tiempo


Nacido en 1936 en Bogotá (Colombia), donde había estudiado Teología en la Universidad Javeriana, fue enviado por sus superiores a  la ciudad norteamericana de Boston a cursar geofísica y sismología. No era una decisión aislada; desde 1961, el Instituto Geofísico de los Andes Colombianos se radicaba en la Javeriana.

Durante sus aprendizajes, el padre René tenía que recopilar datos para luego analizarlos e ir caracterizando los sismógrafos. Algunos de los instrumentos nunca llegaron a su destino, pero «sirvieron para impulsar el conocimiento de técnicas dirigidas al estudio de los cuerpos celestes y al diseño más meticuloso de aparatos de misiones futuras».


La creación del sismógrafo lunar permitió avances para analizar los lunamotos, que a su vez darían información clave sobre el interior del satélite


Como los empleados en la llegada del hombre a la Luna el 20 de julio de 1969 de la mano de Apolo 11, una de las proezas más importantes para la humanidad. El cohete de EE UU encargado de llevar el vehículo espacial Eagle (Águila) que se posó en la Luna, fue el Saturn V. La nave tenía una longitud de 110 metros y su peso sobrepasó las 2.700 toneladas.

El sacerdote colombiano colaboró en la calibración del sismógrafo que la misión instaló y dejó en nuestro satélite. «Antes de la llegada de la nave tripulada, había que investigar si la Luna era hueca o no». Así se refería el padre jesuita a la importancia de conocer la estructura y saber si los primeros seres humanos que pisaran su superficie podrían moverse de manera segura sobre ella.


© Jesuitas (Colombia)


Su sólida formación lo llevó a ser una figura relevante en las investigaciones sismológicas en Colombia. También en geomagnetismo y estudios ionosféricos. Después de culminar su doctorado en la Universidad de Wisconsin-Madison (EE UU) regresó a su país natal y asumió la dirección del Instituto Geofísico de 1989 a 1993. 

Al mismo tiempo, ayudaba a fundar el Jardín de la Niña María, un hogar para niñas menores en situación de vulnerabilidad. Allí falleció el padre René el pasado 1 de diciembre, en el que también era su hogar y donde su mayor motivación era dar protección, alimento y una vida digna a las pequeñas, a las que sentía como parte de su familia.

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