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El ingeniero malagueño que quiere cultivar tomates en la Luna

¿Podría crecer una planta en la Luna con una gravedad que es una sexta parte de la terrestre? Esa pregunta fue el germen del proyecto con el que José Maria Ortega Hernández (Málaga, 1993), entonces estudiante de ingeniería aeronáutica, concurrió en 2016 al Google Lunar X Prize, una competición que buscaba potenciar la inversión en futuras misiones privadas al satélite natural de la Tierra. Lo hizo junto con un biólogo vegetal y un ingeniero de energía, y su propuesta no sólo quedó entre las finalistas, sino que suscitó el interés y ayuda de institutos de investigación, atrajo a científicos y se convirtió en un proyecto profesional. 

Hoy Green Moon Project tiene firmado un acuerdo con el Centro de Exploración Espacial de la Universidad de Chongqing (China) para llevar sus experimentos de cultivo hortícola a la Luna en una próxima Chang’e (las misiones de exploración lunar chinas). Y José María Ortega, a sus 28 años, ya no es estudiante, sino ingeniero de arquitectura eléctrica y electrónica en la automovilística Bentley (Reino Unido), pero sigue liderando el proyecto –basado en el diseño de una cápsula a modo de germinador lunar robótico– y está convencido de que la agricultura espacial será fundamental en las próximas décadas por el renovado interés público y privado en establecer bases permanentes en la Luna desde las que preparar misiones a Marte y por el turismo espacial. 

Por ello, han estado trabajando los últimos 6 años «de manera muy intensa». Tanto la NASA como la Agencia Espacial Europea (ESA) han anunciado, de hecho, su intención de construir una aldea lunar. «Si se puede cultivar en la Luna no sólo se conseguirá abaratar el coste de la alimentación de quienes estén en esos asentamientos o vayan en misiones espaciales, sino que permitirá eliminar dióxido de carbono y generar oxígeno en los habitáculos o viviendas», explica Ortega. Cree que lo más interesante sería disponer de productos hortícolas –tomates, lechuga, zanahoria, rábanos...– debido a su tiempo de crecimiento y a sus propiedades nutritivas. 



© Green Moon Proyect



Pero la baja gravedad, la radiación, la falta de nitrógeno en el suelo lunar... no auguran que vaya a ser tarea fácil. El equipo de Green Moon Project trabaja en Granada para dar solución a estos problemas y entender cómo afectan estos factores a las plantas. También en resolver los retos y dificultades que presenta el cultivo lunar desde tres ámbitos diferentes: la geología planetaria, la biología vegetal y la tecnología espacial. Cuando saltó al mundo la noticia de que China había conseguido cultivar la primera planta en la Luna en enero de 2019, y debido al parecido con la cápsula que los malagueños habían desarrollado y presentado en India, la empresa contactó con ellos. Tras varias visitas y reuniones, lograron firmar un contrato de colaboración con ellos. 


Problema geológico

Jesús Martínez-Frías y Fernando Alberquilla, investigadores del Instituto de Geociencias, se encargan de la parte geológica, de analizar la incidencia del suelo lunar en los cultivos. Para ello usan sustrato de Lanzarote –la comunidad científica entiende que el suelo de la parte de Timanfaya es muy similar al que se van a encontrar en la Luna y en Marte- y también un regolito con la misma composición que las piedras que la misión Apollo 11 trajo de la Luna. Además, siguiendo el ejemplo de la orografía y los cultivos canarios, prueban si desarrollar la agricultura lunar en tubos de lava, en cavidades de suelo basáltico, puede servir para filtrar la radiación cósmica y proteger de ella a las plantas. 

«Es muy probable que las futuras bases en la Luna se ubiquen en enclaves de este tipo», justifican. Sobre esos suelos ya están haciendo pruebas en colaboración con InnoPlant, el socio empresarial del proyecto, al frente del cual están Eva Sánchez Rodríguez y Juan Hernández, que prueban cuál son las especies y semillas que mejor se adaptan a esos suelos, cómo compensar la falta de nitrógeno en el suelo lunar, cuáles serían las mejores opciones para fertilizar. «Las pruebas en laboratorio nos permiten ver cómo germinan las hortalizas usando esa tierra, pero no podemos experimentar lo que pasará bajo condiciones de gravedad lunar, porque no se logra una gravedad reducida constante en la Tierra. Por eso hemos buscado la conexión con el equipo chino, para que en próximas misiones lleven nuestros experimentos a la Luna y veamos que ocurre allí».


© Green Moon Proyect



La tecnología espacial

El malagueño se refiere a los científicos que en la Chang’e-4 (2019) ya lograron que germinara una semilla de algodón en Selene. «A ellos se les congeló la planta al cuarto día porque falló el sistema de mantenimiento de la temperatura, pero tienen bien desarrollada la ingeniería de una cápsula capaz de aterrizar para realizar allí pruebas con los suelos y semillas seleccionados en nuestros experimentos terrestres», cuenta. Precisa, eso sí, que serán unos cultivos meramente experimentales, que la semilla se liberará al alunizar y crecerá dentro de una cápsula que garantice cierta luminosidad y temperatura, no directamente sobre la superficie, porque la falta de atmósfera imposibilitaría el desarrollo de la semilla. «Cuando la carrera espacial avance y haya más lanzaderas, quizá si se podrá pensar en cultivar en el suelo colocando encima una especie de campana que garantice esa atmósfera, esas condiciones de luz y temperatura necesarias», concluye.

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