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¿De quién es la Luna?

Cuando la misión Apolo 11 llegó a la Luna, ésta ya tenía dueño: un chileno, Jenaro Gajardo Vera. O eso decía él. Este letrado nacido en 1919 se convirtió el 25 de septiembre de 1954, según consta en la documentación oficial firmada ante notario, en 'dueño de la Luna'. Pero la inscripción en el requisito, indispensable, fue imposible. A raíz de aquella efeméride, surge una duda: ¿Se puede poseer nuestro satélite?

Para evitar un debate legal en torno a la propiedad de Selene, en 1967 se firmó un Tratado de Espacio Exterior. ¿Sigue vigente aún? El primer artículo sobre el tema se publicó en 1951 y se llamó 'Vuelos a gran altitud y Soberanía Nacional'. La cuestión era decidir si la Luna debía ser tratada como cualquier otra propiedad de la Tierra o si las leyes espaciales debían diferir de las aplicadas aquí.

Con la carrera espacial que siguió a la Segunda Guerra Mundial, la cuestión era saber qué iba a pasar con el que llegase segundo. Por eso se firmó el acuerdo, que establecía, en su artículo II, que «el espacio exterior, incluida la Luna, no puede estar sujeto a la propiedad nacional bajo el principio de soberanía, ni en lo que se refiere a uso u ocupación, ni en ningún otro sentido».

De esta forma (fue firmado por 62 naciones), se establecía que ningún país podría convertirse en soberano de la Luna. Tampoco se podrían abrir fortificaciones ni instalar bases militares. Quedaba, sin embargo, una la cuestión pendiente: ¿Podía un terreno, que no pertenecía a ningún estado, ser comprado y vendido por particulares?


© ABC


Por ello, se redactó un nuevo tratado, el Tratado Lunar, en 1979, que eliminaba la posibilidad de que el satélite pudiera ser adquirido con derechos privados. Pero Estados Unidos no lo ratificó. Las trece naciones que sí lo firmaron no eran en aquellos momentos potencias espaciales. Por tanto, la pregunta sigue siendo objeto de discusión internacional. Según la ley, cualquiera podría comprar un pedazo y construir una parcelita de veraneo. De hecho, hay gente que ya lo ha hecho. 

Dennis Hope, propietario de Lunar Embassy, dice que ha vendido 500 millones de acres en parcelas del tamaño de un campo de fútbol y a un precio de entre 16 y 20 dólares. Los compradores eligen el lugar que mejores vistas tenga (los límites son el Mar de la Tranquilidad y el lugar de alunizaje del Apolo). 

Lo que hizo Hope fue escribir a la ONU diciendo que iba a empezar a vender propiedades en la Luna. Como no le dijeron lo contrario, asumió –igual que Gajardo– que tenía el permiso. Por supuesto, el título de propiedad sigue siendo dudoso, pero es una aproximación que se aprovecha de la falta de conformidad internacional al respecto.

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